












En el bus enfilamos hacia la capital del Imperio.
Observo que Sotomayor se ha hecho viejo y poco a poco ya no puede.
Los amigos de Jesús deambulan buscando el reencuentro.
El reloj marca las dieciocho treinta cuando los rezagados acuden a la cita, bajo una clepsidra que cambió de ubicación.
Alguien sugiere revivir emociones pasadas y abordamos dos dobles sin mucho en la tasca donde el barman con su chorro de voz es capaz de solapar a Caruso.
Nadie quiere pero todos toman, y algunos hasta rebañan.
Miradas y comentarios recelosos ante esta iniciativa, que, dicen, augura futuras privaciones.
Tomamos asiento y empieza la cena, donde un cantautor que me da dolor de espalda irrumpe con su presencia.
Aquí nos van más los Ramones, le decimos, y discretamente ocupa la mesa de la esquina, junto a los tramoyistas de los Village People, me dicen.
Vamos deglutiendo, mientras admiro la puesta de sol sobre la bahía.
Organizamos travesías y los gorilas amenazan mi afán paparazzi.
Me río mucho, mientras recomendamos Vaccines y alguno se sorprende al descubrir que un foro de literatura llamado “ábrete libro” no es lo que pensaba...
Los vapores de los caldos Viña Arcada hacen que vaya saliendo lo mejor y lo peor de cada uno. Antes de pagar vemos un mensaje en el aire que dice “insert coin”.
Hacemos un casting de Afflelou.
Prometo crónica con galería fotográfica, en la cual advierto que nadie debe llevarse a engaño, "no es lo que parece", dirán...Y no lo es, aunque lo parezca.
Salimos tras apoquinar entre buenas críticas, lo cual me reconforta y buscamos garitos donde la música que suena sigue siendo creada por vida inteligente. Keith Richards compite con Hendrix.
Donde Iggy Pop es reverenciado vivimos una de Pajares y Esteso, los bingueros, con los Europe en la barra y un ataque sorpresa con misiles Patriot cargados con cabeza nuclear que abren un agujero muy negro junto al tigre.
Saco la cámara y veo yonquis y monstruos surgidos del infierno.
Empiezan a caer las unidades, una tras otra, tras otro bareto donde les va el rollo surfer.
Alguien grita “Poti se queda”.
Y nos quedamos, caminamos hacia una máquina del tiempo donde vuelvo atrás veinte años y observo, divertido. Levanto las gafas porque empiezo a pensar que los prismas empiezan a dejar de hacer efecto, y empiezo a ver borroso y esas cosas.
Oigo a mi lado aquello de “quieren”, un rato después añaden “de escándalo” y tras escuchar un sabio razonamiento acerca del macramé, me doy cuenta de que los dos tios con los claveles no vienen de un mitin del PSOE.
La caza ha comenzado, salimos fuera y preguntan por los billetes de un tren que va a Legazpia.
Veo ojos color lapislázuli que me miran a través de unas Moschino. Siempre me llamó la atención el color azul.
Pienso que mis chavales necesitan una charla técnica: valen más mil palabras que una imagen.
Declinamos la invitación y tras recoger,transgredir y dialogar negociamos una espuela en un geriátrico al cual jamás entré.
He llevado a mi jefe de filas a pie de puerto y me retiro dignamente.
Camino a la parada del bus y espero. En la marquesina, Irene, con su sudadera azul medita enfocando al infinito.
En el luminoso de la tienda de muebles lee un poema y entre dientes, llorando, me mira y musita:
“me raya todo”


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada